Luis Eyzaguirre: “El político tiene que mostrarse más humano”
11/09/2026 10:53:29
Ingeniería social, comportamiento ciudadano y la nueva arquitectura de la comunicación política. La política ya no se juega únicamente en mítines, encuestas, televisión o medios tradicionales. Hoy también se disputa en un teléfono, en unos segundos de atención, en un mensaje de WhatsApp y en la capacidad de una persona para distinguir entre información, emoción […]
Ingeniería social, comportamiento ciudadano y la nueva arquitectura de la comunicación política.
La política ya no se juega únicamente en mítines, encuestas, televisión o medios tradicionales.
Hoy también se disputa en un teléfono, en unos segundos de atención, en un mensaje de WhatsApp y en la capacidad de una persona para distinguir entre información, emoción y percepción.
En septiembre de 2026, Revista Gente me invitó a conversar sobre comunicación política, comportamiento ciudadano, tecnología, desinformación y los nuevos sistemas que están modificando la relación entre las personas, el poder y el Estado.
La conversación partió de una idea sencilla:
Para entender una sociedad, primero hay que entender cómo se comportan las personas que la componen.
Y para entender el poder moderno ya no basta con observar a los políticos. Hay que observar también las plataformas, los algoritmos, las ciudades, los medios y los sistemas dentro de los cuales las personas toman decisiones.
El voto no se conquista hablando más. Se conquista entendiendo mejor.

Uno de los temas centrales de la conversación fue la transformación del elector.
Existe un voto ideológicamente definido que difícilmente cambiará de posición. Pero las elecciones se deciden también entre ciudadanos que observan, comparan, dudan y finalmente toman una decisión.
En la entrevista lo resumí así:
“El voto duro nadie lo va a cambiar.”
Por eso considero un error tratar a todos los ciudadanos como si fueran una sola audiencia.
TikTok no funciona psicológicamente igual que Facebook. Instagram no cumple la misma función que WhatsApp.
Cada plataforma tiene sus propios códigos, velocidades, generaciones y mecanismos de validación.
La política moderna necesita comprender esa arquitectura.
No se trata simplemente de estar presente en todas las redes.
Se trata de entender qué comportamiento ocurre dentro de cada una.
“La conexión ya no es populismo, es escucha”
Durante décadas la comunicación política funcionó fundamentalmente en una dirección.
El político hablaba.
El ciudadano escuchaba.
Ese modelo está desapareciendo.
Las plataformas digitales convirtieron al receptor en participante. Hoy una persona puede escuchar un mensaje, cuestionarlo, investigarlo, ridiculizarlo, compartirlo o generar una narrativa contraria en cuestión de minutos.
Por eso, la conexión política contemporánea no debería consistir simplemente en mostrarse cerca del ciudadano.
Debe existir capacidad de respuesta.
Escuchar también es gobernar.
Cuando un ciudadano siente que puede preguntar, reclamar, proponer y obtener una respuesta, la relación psicológica con una institución cambia.
La comunicación deja de ser solamente propaganda y comienza a convertirse en un sistema.
WhatsApp: el nuevo espacio privado de la política

En la conversación con GENTE utilicé una frase deliberadamente provocadora:
“WhatsApp es hoy el verdadero cuarto oscuro: pregunta, queja, encuesta y contracampaña en un solo hilo.”
La razón es simple.
Las redes públicas permiten observar lo que una persona quiere mostrar.
WhatsApp permite entrar en una conversación mucho más cercana.
Allí conviven familia, negocios, noticias, rumores, organizaciones, comunidades, candidatos y autoridades.
Desde el punto de vista de la ingeniería social, esto representa un cambio enorme.
La comunicación política deja de competir únicamente por grandes audiencias y comienza a competir por microespacios de confianza.
Y la confianza es uno de los activos más difíciles de construir y más fáciles de destruir.
La batalla moderna también es por la percepción

Otro de los temas que abordamos fue la desinformación.
Internet democratizó la información, pero también democratizó la capacidad de producir una versión de los hechos.
Hoy cualquier ciudadano puede convertirse simultáneamente en receptor, editor y distribuidor.
Esto crea un problema para gobiernos, empresas, medios y ciudadanos:
¿quién verifica al que afirma estar diciendo la verdad?
Mi posición es que la respuesta a la desinformación no debería ser producir más propaganda.
Debe ser producir mejores mecanismos de verificación.
Rigor.
Fuentes.
Metodología.
Trazabilidad.
En la entrevista lo planteé desde un principio más amplio:
“El primer punto de higiene moral del país no comienza en el político, sino en que nadie mienta.”
Porque una sociedad que pierde mecanismos compartidos para determinar qué ocurrió realmente termina tomando decisiones basadas únicamente en percepciones.
Y quien controla la percepción obtiene una enorme capacidad de influencia.
El entorno también programa comportamiento

La conversación posteriormente entra en un terreno que me interesa especialmente: la relación entre ciudad, orden y comportamiento humano.
Una ciudad no es solamente infraestructura.
Es un sistema de señales.
Una calle limpia comunica una norma.
Una calle completamente deteriorada comunica otra.
Un semáforo respetado genera una expectativa colectiva.
Uno permanentemente ignorado genera otra.
Una institución eficiente modifica el comportamiento del ciudadano del mismo modo que una institución desordenada termina enseñándole a navegar el desorden.
Por eso existe una relación profunda entre Smart Cities, ingeniería social y comportamiento.
La infraestructura también comunica.
Las personas observamos constantemente qué está permitido, qué está sancionado y qué parece no tener consecuencias.
Después adaptamos nuestro comportamiento.
El verdadero desafío de una ciudad inteligente, entonces, no consiste solamente en colocar sensores, cámaras o tecnología.
Consiste en diseñar sistemas que produzcan mejores decisiones humanas.
La tecnología está cambiando la arquitectura del poder

La tecnología también ha modificado la lógica tradicional del poder.
Información, inteligencia artificial, telecomunicaciones, ciberseguridad, drones, automatización y datos están cambiando las relaciones entre ciudadanos, empresas y Estados.
El poder ya no depende exclusivamente de quién posee más infraestructura física.
Cada vez depende más de quién puede interpretar información, anticipar comportamiento y coordinar sistemas.
Por eso considero que separar tecnología de comportamiento humano es un error.
Un sistema tecnológico puede ser extraordinariamente sofisticado y fracasar si no comprende a la persona que debe utilizarlo.
Y una política pública puede tener buenas intenciones y fracasar si ignora los incentivos reales de la población.
La función dicta la forma.
No al revés.
El político tiene que mostrarse más humano

Ese fue uno de los titulares elegidos por Revista Gente para la entrevista.
Pero “mostrarse humano” no significa fabricar vulnerabilidad para una cámara.
Significa reducir la distancia artificial entre quien administra un sistema y quien vive sus consecuencias.
La ciudadanía tiene hoy acceso a información, cámaras, redes sociales y herramientas que hacen cada vez más difícil sostener durante mucho tiempo una personalidad completamente construida.
Por eso considero que la siguiente evolución de la comunicación pública será menos teatral.
La gestión tendrá que comenzar a hablar por sí misma.
El marketing puede amplificar una buena función. No puede sustituirla indefinidamente.
Entender personas es entender sistemas
Después de muchos años trabajando alrededor de telecomunicaciones, tecnología, Smart Cities, información y comportamiento, encuentro un patrón que se repite:
Una empresa es un sistema de personas.
Una ciudad es un sistema de personas.
Un gobierno es un sistema de personas.
Una red social es un sistema de personas mediado por tecnología.
Y la política también lo es.
Por eso estudiar únicamente la tecnología, la política o la comunicación de manera aislada ofrece una fotografía incompleta.
Hay que observar el tablero completo.
Personas. Incentivos. Información. Tecnología. Poder. Infraestructura. Percepción.
Ahí aparece la arquitectura real del sistema.
Entender personas es entender sistemas.
No todo es verdad. Ni todo es mentira.
Sobre Luis Eyzaguirre
Luis Alberto Eyzaguirre Díaz desarrolla su trabajo en la intersección entre ingeniería social, telecomunicaciones, Smart Cities, tecnología, estrategia y comportamiento humano.
Su enfoque analiza cómo las personas interactúan con los sistemas tecnológicos, urbanos, empresariales y políticos que las rodean, y cómo información, percepción e incentivos terminan modificando decisiones individuales y colectivas.
Ingeniería social · Smart Cities · Telecomunicaciones · Estrategia







